Y entonces, ocurre. Todo cambia y es precioso. Te cuida, te mima, te escucha, te tiene en cuenta. Pasás horas hablando de cualquier cosa. O reís por las tonterías más tontas. Queres ir juntos a cualquier lado, hacer cualquier cosa o no hacer nada, pero juntos. Todo es brillante, divertido, apasionado.
Vale, puede que pedir que todo eso dure para siempre sea un tanto fantasioso. Pero, ¿en qué momento pasamos de un extremo a otro? Sí, sigues queriendo estar con esa persona, pero también puedes hacer tus cosas mientras estás juntos, porque estar en la misma habitación es estar juntos, ¿no? . Las bromas de antes no son tan divertidas, pero supone un gran esfuerzo intentar ser divertido siempre, o incluso en cualquier momento, ¿verdad? Antes tenías detalles, nada grande, cosas pequeñas, fáciles y especiales, y era suficiente para hacerle sonreír, pero, en fin, ¿para qué? Si no son más que tonterías, ya le harás algo grande y especial de verdad. Algún día. Cuando te acuerdes. Cuando se te ocurra una buena idea. Cuando tengas tiempo y dinero para hacerlo. Y eso compensará lo demás. ¿Y qué si a veces te distraes y no le prestas atención cuando habla? Tampoco puedes estar todo el día atento a todo lo que diga. A lo mejor ya no muestras tanto interés como antes por lo que le pasa, pero es normal, ¿no? Con el tiempo, la rutina, la confianza... si quiere contarte algo, que lo haga, nadie se lo impide.
Y así, una tras otra, van cayendo todas las cosas que un día nos hicieron grandes. Pues no lo entiendo. ¿No hay un punto intermedio? En serio, ¿qué nos pasa? ¿Cómo podemos dejar que lo mejor que tenemos se marchite de esa manera? Ni que supusiera un esfuerzo tan grande, es más, ¿por qué es un esfuerzo lo que antes resultaba tan fácil y natural hacer? Si sigues queriéndole tanto o más que al principio, ¿qué ha cambiado? La respuesta es sencilla: la seguridad y el compromiso. Son cosas indispensables para que una relación funcione, pero, mal enfocados, pueden destruirla. Ser consciente de que esa persona te quiere y te acepta, junto con la estupidez de pensar que alguien te pertenece, que está contigo porque una fuerza superior (el gran amor) le une a ti, le hace "tuyo", te vuelve completamente gilipollas. Ya no necesitas "enamorarlo", no necesitas que se fije en ti, que vea todo lo bueno que puedes aportarle. Porque ya lo sabe, ¿no? Te quiere, y no va a dejar de hacerlo sólo porque un día o dos estés de mal humor, o porque se te olviden algunas fechas importantes, o porque ya no te molestes en tener algún detalle, o no tengas tiempo de salir por ahí, o no te apetezca moverte del sofá, o porque prefieras hacer cosas sola en lugar de hacer algo juntos, o por cualquier chorrada por el estilo. Ni siquiera puede dejar de quererte por todas esas chorradas juntas, ¿no? Claro que no. Porque te quiere.
Y una mierda. No digo que todo tenga que ser como al principio, es imposible, pero tampoco podemos ser tan dejados y luego sorprendernos el día que nos dicen que están hartos y quieren cortar la relación. Ya no me apetece seguir hablando de esto porque tengo sueño, pero sigo con la duda, ¿alguien me explica qué nos pasa? Hace tiempo que aprendí que el amor, cuando es de verdad, también puede morirse si lo abandonas a su suerte.

No hay comentarios:
Publicar un comentario