Soy débil. Siento cosas, tengo miedo. La inseguridad me desborda. Y
duele.
Temo el rechazo de los demás, de los desconocidos,
pero sobre
todo de las personas que amo.
Dicen que el amor nos vuelve vulnerables.
Entrego partes de mi corazón a los demás y
rezo para que las cuiden,
pero no siempre lo hacen.
Desconfío porque no puedo conocer con absoluta
certeza las intenciones y l
os motivos que mueven a los que me rodean.
Guardo los recuerdos como preciados tesoros,
aunque no sean agradables,
aunque sean recuerdos de dolor.
No olvido, me ato al rencor y a la
desconfianza para no volver a sufrir.
Para no cometer el mismo error de
dar esa parte de mí que quise que cuidaran y,
por el contrario, acabó
siendo maltratada.
Tengo tantas excusas al alcance de mi mano para justificar lo
que hago, para convencerme de que alguien tiene la culpa de que me
sienta así, triste, dolida, enfadada, y por eso he dicho o hecho lo que
sea que haya dicho o hecho que esté mal. Pero no tengo que sentirme
culpable, es comprensible que en determinadas situaciones reaccione así.
No es culpa mía. Su tono de voz, sus gestos, sus acciones, sus
palabras, o lo que sé que está pensando esa persona aunque no lo diga,
lo que sea, me ha ofendido, me ha dolido, me ha enfadado, me ha hecho
sentir mal, y soy como un animal enjaulado al que están apaleando. Lucho
con uñas y dientes, ataco para defenderme y hago daño porque a veces se
me va de las manos. Y otras veces porque quiero. Quiero venganza,
quiero castigar a quien me ha hecho daño, quiero que sufra más de lo que
yo he sufrido, para que sea justo, porque yo no he empezado. Yo no me
lo merecía pero esa persona sí se lo merece. Por eso tiene que sufrir
más.
No soy yo, son ellos, son los demás los que me hacen actuar
así. Suena mal, ¿verdad? Dicho así, yo soy la mala, porque eso nos han
enseñado, estamos programados para reaccionar mal ante palabras como
éstas. Aunque, en realidad, también nos han enseñado a actuar de esta
manera, a defendernos de los ataques, justificados o no. Y a excusar
nuestro comportamiento. Porque en el fondo somos buenas personas,
queremos serlo, debemos serlo. Así que, si algo malo sale de nosotros,
no podemos ser la fuente. La fuente debe de estar fuera de nosotros.
No tienes por qué identificarte con todo esto. A lo mejor
piensas que son tonterías. A lo mejor crees que los demás actúan así
pero tú no. Pero la próxima vez que alguien haga o diga algo que te
siente mal, que te duela o que te moleste, obsérvate. Fíjate en lo que
hagas tú, pero no sólo en eso, fíjate en lo que sientes, porque a veces
podemos reprimir nuestras acciones, pero el nudo que te ahoga sigue
ahí.
Algún día te contaré que lo importante no es deshacer ese nudo, sino no dejar que se forme.

No hay comentarios:
Publicar un comentario