Todos tenemos miedo alguna vez. Miedo a quedarnos solos, al dolor y a la enfermedad. Miedo a que nos roben la cartera, el mejor sitio para aparcar o el amor de nuestras vidas. Miedo a que nos quiten la ilusión, el turno o la mejor idea.
Todos tenemos miedo y hacemos sentir miedo a alguien. Todos somos víctimas y verdugos, culpables conscientes nosotros mismos y culpados a vista de los demás.
Lo más curioso es la facilidad que tiene el miedo para paralizarnos,
para impedir que nos enfrentemos a él y para superarlo. ¿Sabés por qué?
Pues porque, al fin y al cabo, el miedo no es tan fuerte como
nosotros... y tiene miedo a ser vencido.

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